La vida de una teleoperadora puede ser una montaña rusa de emociones. Imagina pasar horas al día hablando por teléfono con clientes de diferentes empresas. Algunos ansiosos por no darte tiempo a hablar, otros rápidos para escucharte poco y rechazarte cualquier oferta y algunos proclives a desahogar su mal día contigo. Si quitamos a todos estos, quedan los que quieren escucharte. Esos son los tesoros por descubrir cada día.

Acompáñame en este viaje a través de las experiencias de una teleoperadora, donde el humor y la inteligencia emocional pueden llevarte a la alquimia perfecta.

Carta de presentación

Ring, ring… ¡Hola! Soy Luz, la maestra de la charla telefónica. Cada día es una nueva aventura, donde mi voz es la única carta de presentación. Con una sonrisa en el rostro, inicio cada llamada con la esperanza de despertar la curiosidad del cliente al otro lado del teléfono. Aunque, a veces, me siento como un vendedor de paraguas en pleno desierto, recuerdo de inmediato las artimañas del Lobo de Wall Street (película recomendada, por cierto) y se me pasa.

La inteligencia emocional es mi mejor aliada. Entender las emociones de mis interlocutores es clave para manejar situaciones complicadas. Cuando alguien me rechaza de inmediato, respiro profundamente y pienso: “No es personal, Luz”. La empatía es esencial; nunca sabes lo que está pasando en la vida de la otra persona. Y luego está el arte de lidiar con diferentes estados de ánimo – cosa que puedes percibir en las voces de quienes te contestan el teléfono. A veces, son como niños malcriados que dicen no a todo o los ansiosos que parecen querer hacer todo al mismo tiempo que te escuchan. Pero, ¿sabes qué? Lo hago con gusto y paciencia, buscando la palabra que haga clic y, cuando la encuentro, se convierte en un bálsamo de satisfacción personal.

¡Ah! Pero aquí viene la parte divertida. En mi rincón de llamadas, a menudo, me descubro hablando sola o con Happy (mi gato). Es como si estuviera en mi propio espectáculo de stand-up. Cuando un cliente me dice ¡No, gracias!, pongo mute,y respondo con un ¿En Serio? A veces, incluso, hago voces y ruidos extraños para romper la monotonía. La risa es contagiosa, ¿verdad?

Y qué decir de esos momentos en los que necesitas un impulso extra. En medio de una larga jornada, a veces me convierto en mi propio coach de vida. Me susurro a mí misma: “¡Vamos, Luz! Y como gritaba Leonardo Di Caprio a su equipo “¡Convierte en un terrorista telefónico!”. Otras veces, ver en la pantalla un corazón de alguna compañera que anima, o esa pregunta de ¿Cómo va tú día? ¡Qué importante son esos segundos! La motivación de un equipo es primordial en medio de un trabajo duro como este.

Las claves del marketing telefónico

“Solo unas cuantas llamadas más y estarás descansando plácidamente en el sofá”. Jeje Sí. La automotivación es un arte que todos los teleoperadores dominamos y nunca debemos perder.
Al final del día, mi trabajo es como una montaña rusa emocional. Pasar de la curiosidad – a veces exagerada – a los rechazos rotundos puede ser un desafío. Pero, gracias a la inteligencia emocional y un toque de humor, logro mantener la calma y la sonrisa en mi rostro.

Sí… ser una teleoperadora es una aventura que requiere habilidades de inteligencia emocional y una buena dosis de humor. Despertar la curiosidad y manejar el rechazo en una misma jornada laboral cuando tus objetivos están en juego, son parte de nuestro día a día, pero lo hacemos con una sonrisa y, a veces, hablando solos en nuestra propia comedia personal.

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Luz Susana Razzi
Marketing y Comunicación